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Educación de un Cachorro

El siguiente texto son nuestras recomendaciones para conseguir un comportamiento equilibrado y la adquisición de buenos hábitos de conducta en un cachorro.

Los perros son capaces de establecer relaciones sociales y afectivas con individuos de su propia especia y de otras, como los humanos. Pero estás relaciones deben ser estables y generar seguridad en el perro por ello es importante establecer una comunicación correcta, basada en el afecto y disciplina.

La comunicación social entre perros se basa en señales visuales, olfativas y acústicas. Al vivir con humanos aprenden con el día a día y el adiestramiento a conocer parte nuestro lenguaje verbal. Pero los perros no se comunican mediante palabras por tanto la mejor manera de hacernos entender es conocer su lenguaje de comunicación.

La educación de un cachorro se basa en una correcta socialización, la adquisición de hábitos higiénicos adecuados y aprender las normas de convivencia de su grupo social (familia humana).   Educar es poner límites, corregir y premiar, enseñar las normas y la vez permitir satisfacer los comportamientos naturales. Por ejemplo, morder es un comportamiento natural en el perro pero debemos inhibir el mordisco durante el proceso de educación. NO se pueden morder determinados objetos NO se puede morder jugando a los humanos pero hay que ser coherentes y proporcionar juguetes para morder.

La etapa más importante de un perro para aprender las normas de convivencia y el modo correcto de comportarse es entre los 4 y los 18 meses. Todos los comportamientos inadecuados que se inicien, instauren y mantengan durante un periodo de tiempo se convierten en conducta aprendida y luego es más difícil modificarlos.

Los juguetes:

Todo cachorro debería tener algunos juguetes. Deben ser de buena calidad, que no se rompan fácilmente, que no sean tóxicos y que sean atractivos. No deben caberle enteros en la boca, porque se los podría tragar.

Los juguetes no están a su libre disposición sino que se los vamos entregando a nuestro criterio, así son más novedosos y le distraen más.

Los mejores para cuando el perro se queda sólo son los juguetes “interactivos”, es decir, que responden al juego del perro y desarrollan sus capacidades cognitivas: juguetes que hacen ruido cuando se muerden, juguetes para rellenar con pienso o comida, tipo “kong®”.

Para cuando nosotros jugamos con el cachorro, se pueden usar pelotas, frisbee y cuerdas o mordedores para tirar.

NO conviene darle calcetines, zapatos o trapos viejos, puesto que el cachorro no va a distinguir lo nuevo de lo usado, y aprenderá a morder todo lo que tenga a su alcance.

Es esencial, permitir el juego con perros sociables y equilibrados. Esto favorece que el cachorro adquiera un lenguaje canino adecuado para comunicarse con sus congéneres. El juego entre perros es una necesidad etológica de la especie canina. Además si juega frecuentemente con otros perros, reducirá el juego de morder manos a personas.

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Los premios:

Los perros aprenden todo más rápido mediante asociación positiva, es decir, premiando las conductas que nos gustan. Las recompensas pueden ser juegos, mimos o comida.

Lo más cómodo, más rápido y más comprensible para el perro son los premios de comida. Éstos deben ser muy pequeños (como del tamaño de una bola de pienso) y sabrosos. Lo del sabor dependerá de lo que le guste a su perro: bolitas de pienso de gato, galletas pequeñas para perros, premios blandos para perro, trocitos de jamón cocido o salchicha… Lo que al cachorro le guste más.

Premie a su perro inmediatamente después de que comience a hacer algo que está bien hecho: irse a su cuna a dormir, jugar con sus juguetes, tumbarse tranquilamente en el suelo, hacer pis donde debe… por todo esto se merece un premio.

Por eso los premios deben ser muy pequeños, para que no se harte de ellos, y luego se coma bien su pienso, que es lo que le da la alimentación equilibrada.

 

Las correcciones:

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Los cachorros se meten por todas partes, se suben a todos los sitios que pueden, muerden cosas para saber si saben bien… está en su naturaleza, es su forma de reconocer los nuevos objetos, de aprender cosas nuevas y de investigar para conocer su nuevo mundo.

Pero que sea un comportamiento normal no quiere decir que no pueda ser desagradable para ellos ni peligroso para el perrito. Si queremos evitar que el cachorro haga algo, lo mejor es interrumpir su acción en el momento en que está empezando, cuando el perro pone una pata encima del sofá, o se acerca demasiado a un cable de la luz… en ese momento, lo mejor es hacer un ruido fuerte o cogerle en brazos por sorpresa, todo esto unido con un tono de voz fuerte, seco y cortante “MAL”.

El castigo nunca debe ser físico, tiene que ser in fraganti a la acción, lo más rápido y por sorpresa posible. Siempre debe de ir seguido de una conducta aceptable que podamos premiar.

En el momento en el que el cachorro termina la acción ya no puede relacionar causa-efecto y no sabrá por qué le regañamos, y el castigo será inútil.

Los castigos desproporcionados y no aplicados en el momento justo solo sirven para cumplir un objetivo, deteriorar el vínculo con nuestro cachorro y generarle inseguridad, y esto repercute muy negativamente en el adiestramiento futuro.

Cuanto más premie las buenas conductas, menos tendrá que corregir las malas. En el caso de conductas para demandar atención como por ejemplo, morder manos, pedir comida, ladrarnos, darnos con la pata la corrección más efectiva es IGNORAR. Ya que el castigo de estas conductas recompensa la motivación del perro para realizarlas que era conseguir nuestra atención.